Spiderman

Posted on 22 noviembre, 2011

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Alicante, Playa de San Juan, Domingo, 23 de octubre de 2011. 5 de la mañana. 3 horas antes de mi primer triatlón. Suena el despertador aunque no he pegado prácticamente ojo en toda la noche. (Y por motivos que no vienen a cuento, arrastro ya un mes durmiendo muy poco. Este post va dedicado a ese motivo que no viene a cuento; este post va dedicado a ella…).

Cagadito de sueño. Cagadito de miedo. Y cagadito en el sentido más literal de la palabra.

Es tarde para echarse atrás. Me van a recoger unos amigos (¡benditos!) a las 6am para llevarme a Benidorm. Ya se habrán despertado por lo que me parece muy feo llamarles para cancelar. Tumbado en la cama, en la oscuridad, me pregunto si funcionará realmente el truco de comer tiza para que te dé fiebre. ¿Tengo tiza en casa? Ni de coña. ¿Qué tipo de persona guarda tiza en casa? ¡Claro! ¡Un profesor! ¡Solucionado! Ahora sólo tengo que empezar a tocar telefonillos en mi edificio preguntando por profesionales de la docencia…a las 5 de la madrugada, en domingo. Muy normal. Muy cotidiano. Me convertiría desde luego en el más popular de la urbanización. Y LO PEOR de todo es que REALMENTE me hago estas preguntas. REALMENTE intento recordar si conozco a alguien que dé clases. Y todo ello sin tener nada claro que lo de la tiza funciona. No me queda otra que levantarme de la cama y afrontar mi realidad; se va a dar la salida de mi primer amago de triatlón y no tengo dónde esconderme. Mi madre no me puede firmar un justificante. No puedo hacer novillos. No hay escapatoria.

Tengo el traje de neopreno colgado en el armario. Lleva ahí tiempo, observándome, riéndose de mí, desde que lo compré en verano, desde que el de la tienda me dijo “pruébatelo tranquilamente en casa”, desde que pensé “¿para qué voy a probármelo?”, desde que asumí que al ser elástico, no tendría ningún tipo de problema en ponérmelo. Me han preguntado varias veces, “te lo habrás probado, ¿verdad”?: “Sí sí, claro, por Dios, no se me ocurriría no probármelo!”. La realidad es que nunca me lo he puesto. Todavía lleva las etiquetas.

La verdad es que el traje en sí, mola. Decir “me he comprado un traje de neopreno” te da (o por lo menos a mí me lo parece) un aire muy “cool” y te da caché, porque te sitúa en la liga de los submarinistas, surfistas, kite-surfers, marines, agentes secretos y superhéroes. Siempre he tenido ganas de llevármelo a la oficina, en una percha, en plan “no, es que lo tengo que llevar al tinte” o “no, me lo traigo porque se lo tengo que prestar a un amigo mío que es de los cuerpos especiales de la marina”, sólo para fardar, aunque al final nunca he reunido el valor.

Y la realidad es que el traje representa todos mis miedos en esta mañana de 23 de octubre porque lo utilizaré para afrontar el segmento que peor se me da, a saber, los 1.500m de natación, en el mar y en la oscuridad. Y con gente mirando. Gente con cámaras fotográficas. Gente que puede dar fe de mi pobre rendimiento.

Ya en Benidorm, retraso al máximo ponerme el traje, básicamente porque desde que me he levantado necesito hacer pis cada 3 minutos. Luego cada 2 minutos. Luego cada minuto. ¡Luego siento que necesito hacer pipí ininterrumpidamente! Entiendo que esto se debe a mis nervios pero el hecho es que el neopreno no lleva bragueta y no alcanzo a entender por qué no. A todos los fabricantes y distribuidores de neopreno: ¿POR QUÉ OSTIAS (con perdón) NO LE PONEN BRAGUETA A LOS NEOPRENOS? ¡¡¡EN SERIO HOMBRE!!! ¡¡¡YA ESTÁ BIEN!!!

Finalmente, y no sin cierta dificultad, decido enfundármelo. Las sensaciones que me inundan quedan curiosamente muy bien reflejadas en el siguiente vídeo.

Sí sí. Muy oscuro. Muy siniestro. Muy molón. Muy poderoso. Vamos, que es ponerme el neopreno y sentirme de verdad como el Spiderman negro. Me hace sentir más fuerte, atractivo, valiente y despiadado. Más guapo e inteligente. Hasta oigo música. Me motivo. Me motivo que te cagas, vaya. Pero el hecho es que me estoy meando encima y ya han anunciado que se va a dar la salida.

Me dirijo a la arena con el resto de Spiderman’s negros. El traje me oprime. Es lógico. En Spiderman 3, el traje tiene vida propia y es un traje bastante cabrón. Y la realidad es que no me deja mucha movilidad en los brazos. Me cuesta incluso llenar los pulmones del todo. Pero vaya, que seguro que en el agua cede un poco, ¿no?

Poco antes de darse el pistoletazo de salida, ya en la arena, otro superhéroe (¿se estará meando tanto como yo?) me comenta que si es mi primer triatlón, que no me preocupe. Me dice literalmente que “si me ahogo en los primeros 200m, no me preocupe”. Vaya cabrón. ¡¡¡Desde luego que si me ahogo, se me van a ir todas las preocupaciones!!! Joder. Qué cague. Quiero llorar pero no pienso hacerlo. Spiderman no llora.

Si me pongo a elaborar una lista de grandes éxitos con los peores tragos que he pasado JAMÁS en mi vida, creo que este primer segmento de natación pasará mucho tiempo en el nº1 de los 40 Principales. Algo así como el Thriller de Michael Jackson:

  • El traje, en definitiva, me iba pequeño
  • Tenía muy poca movilidad en los brazos. Las piernas creo que no las utilicé salvo para patalear del pánico
  • No conseguí llenar del todo los pulmones con aire en ningún momento
  • Sí conseguí en cambio llenar los pulmones repetidas veces de agua. Tragué mucha. Había gasolina o aceite de lancha en el agua que, ya metido en faena, decidí tragarme también
  • No pude nadar más de dos brazadas seguidas a crol. Tampoco a braza. De espaldas como que me daba vergüenza y nadar a mariposa como que ni de coña. Y siempre nadé con la cabeza fuera del agua. Gran técnica la mía
  • Tuve que innovar con un estilo nuevo que voy a llamar “el ridibrazacrol”. Muy mal. Pero que muy muy mal
  • Llegar a las boyas era como cruzar el estrecho de Gibraltar. De pesadilla. EN SERIO
  • En ningún momento dejé de pensar en retirarme, pero había ido gente a verme y no era plan
  • Me reía de mí mismo por haber llegado a afirmar, y cito textualmente un post mío anterior, “resulta que aguanto 2.000 m (de natación) con relativa facilidad”. Me parto. De verdad que me parto
  • Supongo que acabé meándome encima, pero no lo recuerdo
  • Salí de los últimos del agua; éramos aproximadamente 300. Joder, acabo de caer, “300”, como en la película…pero en plan ridículo, ¡claro!
  • Según un buen amigo que me conoce muy bien, mi cara estaba “completamente desencajada” cuando salí del agua. Su hijastro de 9 años (al que mando un beso desde aquí) me animó con unas cariñosas (e inocentes) palabras de “¡vamos Jorge, que vas el último!”
  • Cuando pasé bajo las duchas se conoce que me detuve demasiado tiempo y una persona de la organización me dedicó un “¿quieres jabón?”. Estaba yo para bromas…
  • Y no había Dios que me quitara el neopreno. Igualito que Spiderman 3. Me succionaba. Me drenaba las fuerzas. Quitármelo fue de verdad un esfuerzo titánico

Los siguientes segmentos se sucedieron sin gran novedad. Remonté bastantes puestos en la bicicleta y en la carrera a pie conseguí mantener posición. Quedé aproximadamente a mitad de tabla (en el puesto 159 de 282) con un tiempo de 2’54’’. Contento vaya. Por algo se empieza.

Tengo el traje colgado en el armario y ahora ya tengo clarísimo que se ríe de mí a mis espaldas…

Y hasta aquí puedo leer.

p.d.1. Se busca profesor/a de natación para impartir clases a persona inadaptada

p.d.2. Mamá, perdóname tanta palabrota

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